Lo que realmente mueve el precio
El costo no depende de la cantidad de páginas sino del laburo que hay detrás de cada una:
- Diseño propio o plantilla: la plantilla sale más barata, pero se ve igual a la de tu competencia.
- Quién escribe los textos: si los pasás vos, baja; si la agencia los escribe pensando en vender y en SEO, sube, pero rinde más.
- Integraciones: WhatsApp, formularios a tu CRM, turnos, pagos o facturación suman horas.
- Idiomas: cada idioma extra es casi otra web para traducir, revisar y posicionar.
- SEO técnico de base: velocidad, estructura y datos para Google. Si no viene incluido, lo terminás pagando después.
¿Pesos o dólares?
Con inflación, un presupuesto en pesos a tres meses es una apuesta para las dos partes: o se ajusta en el medio o alguien pierde. Cotizar en dólares deja fijos el alcance y el precio desde el día uno. Si te cotizan en pesos, preguntá cómo y cuándo se ajusta.
Lo barato que sale caro
Una página que tarda en cargar con datos móviles, que no deja claro qué vendés o que no lleva al cliente a escribirte no es barata: es plata que no vuelve. Antes de comparar números, preguntá qué pasa después del lanzamiento: quién la mantiene, quién la actualiza y si queda lista para que Google la entienda.
Cómo comparar presupuestos
- Pedí el detalle de qué incluye cada uno: secciones, textos, integraciones, SEO y soporte.
- Preguntá si el dominio y el hosting quedan a tu nombre.
- Pedí ejemplos reales y medí la velocidad con PageSpeed Insights.
- Confirmá qué pasa si necesitás cambios después de publicar.
¿Querés un presupuesto que no cambie a mitad de camino?
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